1er premi al 3er Concurs de Relats Breus de Voluntariat

Aquesta setmana s’han entregat els premis del 3er Concurs de Relats Breus de Voluntariat a Barcelona, convocat per la Federació Catalana de Voluntariat Social. Va ser una gran sorpresa, però d’ una setantena de relats breus presentats, el jurat va escollir el meu com el primer premi!

Ja som un més

Els dijous al Poble Sec són el millor de la setmana. El sol cau tant ràpid com les ombres allargades escalen pels blocs de pisos, mentre surto del metro camí de Montjuïc. És finals de tardor i hi ha poca gent pel carrer, les terrasses són buides i el vent forma remolins amb les fulles caigudes dels arbres. Fa fred, però en Kantha observa impassible el pas del temps des de la porta del supermercat. És dijous, i com cada dijous pujo pel carrer Roser amb la satisfacció de fer allò que em fa feliç, sabent que durant una estona em sentiré útil i ajudaré als demés. Sóc voluntari, no cobro diners per fer-ho, però ja fa temps que sé que hi ha coses que els diners mai em donaran. Em sento humà quan ajudo als demés, em sento ple quan arrenco somriures i desperto mirades, em sento orgullós quan rebo un “gràcies”. Si, n’estic segur, els dijous al Poble Sec són el millor de la setmana.

En Kantha em mira i desvia la mirada, cada dijous la mateixa escena, cada dijous la mateixa sensació de no saber què vol de mi. No sé res d’ell, ni a què es dedica ni on viu, només sé que m’observa amb curiositat quan camino carrer amunt i quan, una estona més tard, ajudo a la senyora Lluïsa a pujar les bosses amb menjar fins al tercer pis del bloc de pisos. M’observa en silenci, però els seus ulls reflexen la necessitat de dir-me alguna cosa.

Avui la senyora Lluïsa camina amb dificultat. L’ajudo mentre carrego dues grans bosses amb menjar per tota la setmana. Hi ha qui sense ajuda no se’n sortiria. Arribem a la porta d’entrada. La senyora Lluïsa busca les claus. De sobte, una mà em toca l’espatlla. Em giro trasbalsat. En Kantha em mira somrient mentre examina la meva cara de sorpresa. Em dóna la mà i es presenta. Amb un fil de veu afegeix:

-Si no et sap greu, a partir d’ara l’ajudaré jo.

Somric. Ara ho entenc tot. Entenc les trobades de cada dijous, entenc les mirades desesperades, entenc que el que en Kantha volia era ajudar, sentir-se humà, ple, orgullós. Ara ho entenc tot. Ja som un més.

Amadeu Deu Lozano – Voluntari de Bona Voluntat en Acció (Poble Sec, Barcelona)

 

 La resta de relats finalistes estaran disponibles durant tot un any al blog Val la Pena!

San Telmo, tangos y alfajores. Emiliano, YPF y las Malvinas

Un jueves de abril de 2005, 20:00 de la tarde en la preciosa y encantadora Buenos Aires. Sopla una suave brisa con sabor a café cuando pongo el pie en la avenida Colón camino de casa. La Universidad está lejos, pero no tengo prisa para llegar, el estrés y la necesidad de no parar de hacer cosas quedaron en casa hace ya unos meses, y no me parece que se viva mal así. El 29 pasa acelerando dirección Santa Fe. Sin preocupación alguna lo observo alejarse mientras me rasco el bolsillo buscando un peso. Cruzo la calle y me apodero de un alfajor Águila. Bendita rutina, benditos alfajores, cuanto os voy a echar de menos!

San Telmo aparece como sueño, en el que el tango se escapa por debajo de las puertas de los bares como el humo del tabaco, mientras las calles se llenan de cultura y historia en forma de conversaciones y pinturas abstractas. Pasear por San Telmo es un éxtasis indescriptible, más cuando te sientes del lugar y caminas sin prisa, sin fecha de marchar, sin billetes de vuelo o monumentos que visitar. Ya lo escribió Ernesto Rondo en un tango fabuloso:

“Me preguntan muchas veces
porque causa canto el tango
y que quieren que les cante?
si en San Telmo… yo nací!
soy de un barrio milonguero
que fue cuna del candombe..
y es allí que me hice hombre,
por eso yo canto así”

Emiliano me recibe en la cafetería fumando, cómo fuma este tipo! Pero qué interesante es hablar con él, cómo hace bailar las palabras para que parezcan dulces. Nunca una subordinada pareció más preciosa que cuando las entona Emiliano en sus tardes charlatanas. Y es que el argentino profundo, bien hablado, con la gravedad de un tango es un poema para los oídos, y el que crea que sirve solo para ligar se puede ir al carajo. Cómo siempre, hablamos un poco de todo. Me siento poco esplendido con mis frases cortas y obviedades castellanas, así que disfruto escuchando las reflexiones de alguien mucho más audaz y interesante. Cuánto voy a echar de menos también a Emiliano!

Antes de pisar Argentina desconocía la pasión con la que la gente vive su historia. Me sorprendió el relato subjetivamente nacionalista que hacen de ella, pero qué fascinante es observar como una sociedad culta conoce su pasado y reflexiona sobre él. Bendita cultura que florece placeres en las bocas ajenas! Malvinas, peronismo, Aerolíneas, corrupción, YPF, qué placer tratar temas de tal calibre en una cafetería con cualquier porteño Clarín en mano. Y es que si algo no habían olvidado los argentinos es que las Malvinas eran suyas y YPF lo debería volver a ser. Los ingleses son unos pelotudos que les robaron sus islas (si, aquellas islas donde Argentina mandó a la muerte segura a chavales sin experiencia y mal equipados) pero Maradona les dio su merecido en el Mundial del 86. La bandera argentina espera en el aeropuerto de Ushuaia para ser izada de nuevo en sus islas más codiciadas. Lo de YPF era esperable, la pasión con la que los argentinos viven la suerte de sus compañías contrasta con la frialdad con la que nosotros tratamos a las nuestras. Y está el peronismo claro. Y el populismo, que también. Qué mal vamos cuando confundimos un estado con una empresa, y tachamos de traición al pueblo español una expropiación y no lo hacemos cuando nos hunden aún más en la miseria en la que estamos metidos. Así somos, así hacen que pensemos, y así nos va.

El otro día una porteña me contaba la teoría de que cada 10 años, más o menos, y generalmente a finales de año, Argentina sufre una crisis. Sin duda parece que este año toca, al menos vamos por el camino. Me ha sorprendido que Argentina se haya atrevido con una empresa española, aunque YPF siempre estuviera en el corazón de los argentinos. Pero está el peronismo claro. Y el populismo, que también. Ai España….qué grande eras o creías ser en esos tiempos en los que ponías los pies encima de la mesa con Bush, y sacabas pecho y te creías inmortal. Cuando asomabas la cabeza en el G-8 y querías jugar a ser rica y poderosa como ellos. Y mírate ahora, que solitas estás, cómo ladras como perro encerrado, cómo duele ver el desierto más allá de tus murallas. Tan sola y pobre que nadie te ha defendido, tan sola y pobre que los que hasta hace poco mirabas entrar de reojo y malpensando ahora te dan calabazas. Pregúntate porque a ti y no a otros, porque YPF y no las Malvinas, quizás has sido la niña repelente de la clase, aquella que saca pecho y chilla más que las demás, pero que cuando necesita ayuda se descubre sola.  

La Guerra de los Balcanes 20 años después

Caímos en Sarajevo por pura casualidad, por eso de los vuelos baratos y la crisis económica, que no nos permitía viajar a lugares más lejanos. Los Balcanes me sonaban a guerra, pero esta sucedió cuando era muy pequeño y, aún ver por la televisión cifras de muertos, imágenes de tanques y gente herida corriendo por las calles, nunca fui del todo consciente de la barbarie que se estaba viviendo aquí al lado hace justo 20 años.

Casi un año después del viaje, aún me sorprende la intensidad con la que uno disfruta de un viaje a Sarajevo, de la huella que te deja el sentir la crueldad de la historia en sus calles y avenidas, de la amabilidad de su gente, de la capacidad de superar la dureza y la barbarie y saber perdonar. Hay ciudades que una vez las visitadas no se pueden olvidar

 Hoy leo con admiración lo que escribe Arturo Pérez-Reverte en su twitter, recordando sus experiencias en Sarajevo como reportero de guerra:

“Hoy tenía intención de recordar los Balcanes. Veinte años de aquello. La matanza seguía mientras Europa se miraba el ombligo. Mientras la casta funcionarial trincaba en Bruselas, como sigue. Quería recordar la charlatanería inútil de quienes permitieron a los serbios años de carnicería sin control. De violaciones y fosas comunes. Quería recordar a Javier Solana, negociador que no negoció un carajo. Lo recuerdo bien sonriéndole a los matarifes. Templando gaitas. Años de sonrisas y templar gaitas, con muchas reuniones y mucha mandanga. Haciéndose fotos sonriente con Milosevoc y con Karadzic, para la prensa. Él sonriendo, y nosotros contando muertos en los telediarios, primero en Croacia y luego en Bosnia. Solana y su vergonzosa y cobarde Europa que miraba y miraba. ”Estamos progresando, etc”, decía el tío. Aquellos odiosos plurales. Recuerdo aquel TD,cuando Elena Sánchez me dijo en directo:”Solana afirma que se hacen progresos”. Y dije: “Solana no está aquí, en Sarajevo”. La bronca que nos echó María Antonia Iglesias, entonces directora de Informativos. La paladín con patas de la honradez informativa. “No enseñéis en las crónicas tantos muertos y tantas tripas”, nos decía. Cabreada porque no le hacíamos ni puto caso. Luego le daban a ella la bronca en Exteriores. Menuda pandilla. Cuántos muertos y cuánta sangre por culpa de la pasividad de tanta gentuza. Igual lo de Siria les recuerda algo.”

Mejor no se puede expresar. Me saco el bombín.

Porque cooperar no es (solo) ayudar a los pobres ni las ONG’s son agencias de viajes

Pozos, escuelas, caminos, hospitales, planes de urbanismo, sensibilización de la población, letrinas, casas, huertos. En los últimos 20 años la cooperación ha desarrollado miles de proyectos en docenas de países con el objetivo de mejorar la calidad de vida de su población. Desde el movimiento por el 0,7%, allá a principios de los años 90, hasta el año 2009, la considerada como la época dorada de la cooperación ha sido bien aprovechada por todos aquellos que han intervenido: voluntarios, expatriados, ONG’s, países “ayudados”, etc. (nótense las comillas).

Ahora bien, desde hace un tiempo algunos escépticos se preguntan, a mi entender con bastante sentido, el porqué de tanta ayuda al exterior, porqué dedicar tanto dinero y esfuerzo en ayudar a los otros con todo lo que tenemos nosotros encima. ¿Cómo es posible construir hospitales en otros países mientras recortamos el gasto sanitario aquí? ¿Qué sentido tiene construir escuelas en el exterior cuando aquí miles de niños estudian en barracones cada vez más llenos? Digo que entiendo que alguien se lo pregunte no porque lo comparta, sino porque me parece que es el resultado de no haber sabido transmitir la importancia de la cooperación también en nuestra sociedad.

Me pregunto ¿cuánta gente conoce el trabajo que hacen las ONG de su alrededor? ¿Alguien sabe cuántas escuelas, letrinas u hospitales se han construido gracias a sus impuestos? ¿Somos conscientes del tremendo trabajo realizado en muchos lugares que ha permitido la mejora de la calidad de vida de miles de personas? Sin duda si hay algo que criticar a la cooperación es que no ha sabido aprovechar su época dorada para crear un movimiento solidario amplio y generalizado, que haya transmitido la necesidad de cooperar, tanto para ayudar a los demás como para mejorar nosotros mismos.

La primera vez que me interesé por una ONG llamé para explicar que quería cooperar ese verano en algún proyecto. De esto hace ya muchos años, y la respuesta que recibí fue clara y memorable: “Esto no es una agencia de viajes”. La vergüenza que sentí en ese momento se transformó rápidamente en reflexión. ¿Por qué quiero cooperar realmente? ¿Es por “ellos” o realmente es por mí? ¿Si quiero ayudar a los demás, porqué tengo que irme a otro país a hacerlo? Desde entonces y hasta ahora han pasado muchos años, pero nunca he acabado de contestarme del todo a estas reflexiones. Es más, con el tiempo y varios proyectos de cooperación a las espaldas me han asaltado muchas dudas más: ¿en qué grado ha mejorado realmente la calidad de vida de las personas a las que he intentado ayudar? ¿Tantos proyectos llevados a cabo, han incidido de alguna manera en la raíz real de los problemas, o han sido simples parches temporales? ¿Qué grado de responsabilidad tenemos en nuestro día a día sobre las desigualdades? Si es mucho como me temo, ¿qué sentido tiene trabajar lejos de aquí olvidando que el inicio del mal lo tenemos en casa? Y si esto es así, ¿por qué la cooperación casi siempre ha trabajado en una sola dirección?

La cooperación para el desarrollo es un movimiento joven, que ha evolucionado mucho y deberá hacerlo mucho más en los próximos años si quiere adaptarse a los problemas y a las realidades actuales. Que un grupo de voluntarios cruce el mundo para construir una escuela y vuelva a casa ha pasado a la historia, porque es caro, porque no resuelve el problema real y porque en pocos años habrá que volver para rehabilitarla. No, así no, así solo se crean uniones de dependencia. La cooperación debe ser un movimiento fundamental en la educación de nuestra sociedad, debe impregnar las aulas de las escuelas, debe sentirse en cada rincón de la calle. Porque la cooperación es necesaria porque nosotros la hemos hecho imprescindible con nuestra manera de vivir, porque tenemos la responsabilidad de ayudar a los que nosotros hemos metido en el agujero, porque si no cambiamos el problema no habrá solución por muchos parches que enganchemos. Y el problema no está allí, el problema está aquí.

Los recortes obligan a replantearse qué tipo de cooperación podemos realizar, a reflexionar sobre dónde tenemos que incidir y a preguntarnos cuestiones hasta ahora supuestas. Buena oportunidad para demostrarles a todos aquellos escépticos que la cooperación es imprescindible, innegociable. Porque la cooperación ya no es (solo) ayudar a los pobres, la cooperación es educación, es compromiso, es coherencia y es salud, la cooperación también es mejorar nuestra sociedad para mejorar la calidad de vida de cada una de las personas de este planeta.

Reflexiones sobre cooperación de un lunes de primavera

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