Arxiu de la categoria: cultura

Premis Sajarov 2011 per la Primavera Àrab

Minut de silenci al Parlament Europeu. A l’acabar, aplaudiments, llàgrimes i mirades al cel, sentiments d’orgull, valentia, sacrifici i llibertat. Revolució.

S’han entregat els premis Sajarov 2011 a cinc activistes que han lluitat per la democràcia i la llibertat als seus països. Només són cinc entre milions, però representen aquesta explosió d’energia anònima que ens ha sorprès a tots i totes els que ho hem vist des de la distància. Mohammed Bouazizi, el màrtir que va iniciar la Primavera Àrab a Tunísia, Asmaa Mahfouz, periodista egípcia, Ahmed al Zubair Ahmed al Sanusi, del Consell Nacional de Transició de Líbia,  Razan Zaitouneh, advocada siriana que es manté amagada per por al règim i  Ali Farzat, caricaturista també sirià, al qual van trencar els dits de la mà per criticar la repressió del president Baschar al Assad i que ara viu a Kuwait. Aquesta caricatura és la causant de la repressió contra Ali Farzat.

 

Se’m fa especialment cruel la història de Ahmed al-Zubair Ahmed al-Sanusi, conegut com el pres que més temps ha passat a la presó. L’any 1970 (1970!!!) va participar en un intent per derrocar el règim del coronel Gadafi. Va ser empresonat en cel·les d’aïllament i torturat sistemàticament durant més de 30 anys. Avui és membre del Consell de Transició.

“M’agrada” que la Unió Europea reconegui la lluita i la repressió de milions de persones contra els seus règims, al cap i a la fi, som nosaltres, els europeus, en part responsables de que això hagi estat així fins ara. Ens ha sorprès la valentia dels ciutadans i les ciutadanes per enderrocar règims perennes i repressius, potser és que mai ens hem preocupat de girar una mica la vista cap al sud i descobrir que també hi passen coses. No només a Brussel·les es construeix un nou món. I ben pensat, ara per ara, mentre que uns van embalats cap a la democràcia i les llibertats, altres anem cap a les retallades, la pèrdua de llibertats i la vulneració de drets. Un periodista amic meu desplaçat a El Cairo em deia que els europeus no tenim cap dret a jutjar les democràcies àrabs ni els seus resultats, durant anys no hem mogut ni un dit contra els dictadors ni a favor del poble, més aviat al contrari. Estic d’acord. Això si, ara que tenen la oportunitat, jo només els demanaria que no ens agafin com l’exemple a seguir.

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“La revolución de los jazmines”: el milagro tunecino del mártir Mohamed Bouazizi

17 de Diciembre de 2010. Sidi Bouzid, un tranquilo pueblo del interior de Túnez. Los niños corren por la avenida Mohamed V en dirección al colegio mientras algunos hombres toman té tras la visita a la mezquita Abu Bakr Assedik.  Parece un viernes normal. Un hombre y una niña pequeña salen de su casa. Él, Mohamed Bouazizi, 26 años, ingeniero informático y ella, su hermana pequeña que va al colegio. Mohamed es el mayor de 7 hermanos y el único que trae dinero a casa tras la muerte de su padre cuando él tenía 10 años. Ha estudiado informática, pero como para la mayoría de jóvenes tunecinos eso no significa absolutamente nada. A diario docenas de jóvenes de Sidi Bouzid acuden a los centros de gobernación con sus títulos en mano para pedir un empleo que nunca llega, así que Mohamed vive de la venta ambulante de frutas y verduras. Parece un viernes normal.

Túnez ha sido gobernado desde 1987 por Zine El Abidine Ben Ali. Tras un inicio en el que limitó el número de mandatos y ejerció una política social basada en la creación de un fondo destinado a los más pobres y de un sistema de seguridad social, con el paso de los años su poder ha ido en aumento hasta no conocer límites. La prohibición de los partidos de izquierda y de los no afines al régimen ponen en duda los resultados electorales obtenidos hasta la fecha, en los que Ben Ali roza o supera siempre el 90% de los votos. Aumento del precio de los alimentos básicos, subida del paro que mantiene muchas familias con ingresos casi inexistentes, arrestos multitudinarios a los críticos con el régimen, perpetuidad en el cargo, dominio sobre la prensa y los sindicatos…la dictadura tunecina.

Mohamed coloca su puesto de venta. Sitúa las verduras y limpia la fruta para que reluzca. Los ingresos apenas dan para mantener a toda su familia, pero no hay otra cosa que hacer más que acudir día tras día a la cita con su carrito y sus frutas y verduras. Parece un viernes normal. Aún así, el día se empieza a torcer con la llegada de dos policías, quieren saber si Mohamed tiene licencia para la venta ambulante. No la tiene. Tras una fuerte discusión en la calle, la policía confisca el carro. Mohamed sabe que sin su carro no hay dinero para su familia, así que decide presentarse en el ayuntamiento para reclamar que le devuelvan sus pertenencias. Ante la negativa, Mohamed Bouazizi, harto de vivir en un país sin trabajo, sin justicia y sin libertad, en un país gobernado por una dictadura corrupta que no ofrece futuro a los jóvenes, y desesperado por haberse sentido humillado, decide quemarse públicamente frente al Ayuntamiento. Convertido en antorcha humana, da unos pocos pasos antes de caer de rodillas, apoyando sus manos en el suelo. Finalmente, se desploma.

Mientras es trasladado al hospital decenas de vecinos protestan en las calles en solidaridad con Mohamed. Aquí podría haber terminado la historia, pero la verdad es que precisamente aquí es donde todo empieza. Ese 17 de Diciembre de 2010, ese viernes normal en Sidi Bouzid empezó a cambiar la historia de Túnez y de todo el mundo árabe. La Primavera Árabe ha llegado.

(añadido en enero de 2012)

Viajo a Túnez en diciembre de 2011. Mohamed Bouazizi es venerado en eslógans, pintadas y banderas por todo el país. Compro unas postales. La cara de Mohamed y su carrito de frutas y verduras son los protagonistas de los sellos, con el título de “Revolución de la Dignidad”. No hay y nunca habrá sellos suficientes para homenajear a todos los sacrificados de esta revolución. Gracias a todos ellos y a ellas hoy millones de tunecinos y tunecinas disfrutan de un país más libre, menos corrupto, más digno.

World Press Photo 2011

Ayer se inauguró una exposición con las 170 ganadoras de los premios World Press Photo 2011 de fotoperiodismo en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB). La directora de la Photographic Social Vision, la fundación que año tras año nos hace disfrutar de esta exposición, comenta que “las imágenes premiadas deben reunir tres ingredientes: emocionar, informar e interrogar”. Y así es.

12 de Enero de 2010, 16:53, Puerto Príncipe (Haití). El terremoto más fuerte registrado en la zona desde 1770 mata más de 315.000 personas y deja más de 350.000 heridos y más de 1.5 millones de personas sin hogar. Está considerada como una de las catástrofes humanitarias más graves de la historia. 15 de Enero, los cadáveres se amontonan por todas partes. En el hospital general un hombre tira el cuerpo sin vida de un niño al depósito de cadáveres.

Cárcel de Pademba Road, Sierra Leona. Más de 60 presos pelean por agua, arroz y jabón en su celda de 30 metros cuadrados.  Solo hay un cubo para las necesidades. Uno de ellos, Abu Sesay, de 16 años, ha sido condenado a dos años de prisión por robar un bolso. Vive desde los 9 años solo en la calle. Abu afirma que “Vine a una cárcel de adultos porque el policía que me detuvo no creyó que tuviera 16 años, basándose en mi vello púbico”

Bibi Aisha. Con 12 años fue entregada junto a su hermana a un guerrero talibán para saldar una “deuda de sangre” de su tío. Varios años después, Aisha es obligada a casarse con el talibán quien la mantiene encerrada en un establo, donde es azotada y violada frecuentemente. Aisha consigue escapar pero es encontrada en Kandahar por su marido, quien la devuelve a casa y le corta las orejas y la nariz en cumplimiento de la orden de un juez talibán. Según la cultura pashtum, cuando un marido es avergonzado por su esposa es como si perdiera la nariz, por lo que se impune un castigo recíproco.

Estas son algunas de las historias que encierran las fotografías de esta exposición, historias reales y crueles, historias increíbles y desoladoras, algunas de ellas conocidas y otras del todo anónimas. Las imágenes y sus historias, junto con las luces y las sombras de la exposición consiguen despertar un cierto impacto emocional a quien la visita, un cierto malestar humano por ver y no hacer nada, por saber y no actuar. Un sentimiento tan intenso y tan humano como la capacidad de olvidarse de él una vez la última de las fotografías desaparece de la vista. Yo recomiendo ver esta exposición para sentirse, aunque solo sea el tiempo que dura la visita, un poquito más humano. Al salir, que cada uno haga lo que pueda.