#FreeArctic30 #SavetheArctic

Hoy Greenpeace organiza una jornada reivindicativa contra la detención de 30 activistas por parte de la guardia costera rusa por protestar en aguas internacionales contra la extracción de petroleo en al Ártico por parte de la compañía Gazprom. Para más información clica aquí.

Aunque estoy casi seguro de que al gobierno ruso no le importa demasiado este tipo de reivindicaciones, no por ello hay que renunciar a hacerlas. Aquí va un humilde gesto de ayuda y admiración a todos aquellos que luchan de forma comprometida por mejorar y mantener vivo todo aquello que entre todos estamos destruyendo. Ánimo!

Polar BearAutor de la fotografía: Shell Wildlife

Puertas de Ejulve

A mitad de camino entre minas y tambores, lugar de paso para muchos, dulce hogar en la memoria para otros. Allí donde la guerra camina perezosa hacia el pasado, donde el viajero nunca pasa hambre, lejos de todo, orgulloso de seguir siendo.

Goethita en la piedra, viento de secadero, corazón muy maño. Suena Labordeta entre valles sin sombras, entre graneros que sobreviven en el silencio de los alrededores. Algo me fascinó de esta tierra no apta para cobardes ni veganos. No fue su melocotonada ni su carrera de pollos, ni tan siquiera ese perfume maravilloso de los secaderos. Si algo me fascinó de esta tierra fueron sus viejas y preciosas puertas.

Ejulve 1

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Ejulve

World Press Photo 2013

Un beetle blanco desafía orgulloso las oscuras calles de la Barcelona hippie. Casi todo es silencio en esta fría madrugada de febrero de 1973. Ella luce sus mejores prendas, un deslumbrante vestido rojo de topos blancos por encima de la rodilla, pelo rubio recogido con clips florales, sonrisa traviesa. Está preciosa. Él quiere pasar por casa para cambiarse la camisa verde y afeitarse la espesa barba. Los pantalones acampanados quizá sirvan también para hoy, piensa. La conversación es animada pese a las horas de viaje, “El último tango en París” se intuye histórica por transgresora y sorprendente. Hablan de la escena de la mantequilla, “eso habría que probarlo no?” pregunta él. Ella le mira y sonríe, “qué guapo está Marlon Brando!”, contesta. El franquismo sigue censurando el cine erótico y el viaje a Perpignan es una buena opción para aquellos ávidos de cine sin fronteras.

40 años después, una vez superada la censura franquista y dejados atrás a José Luís López Vázquez y Alfredo Landa, entre otros, persiguiendo suecas, peregrinamos de nuevo a Perpignan cada septiembre para deleitarnos con el “Visa Pour l’Image”, un maravilloso festival de fotoperiodismo.

World Press Photo 2013La cosa va de desgracias disfrazadas de realidad, de eso no hay duda. Conflictos en el Congo, calles destruidas de Aleppo, niños víctimas de la esclavitud en Haití, violencia en las calles de Estambul, mujeres maltratadas en todas partes. Dolor, guerra, muerte. ¿Es el mundo que está hecho un desastre o es que el fotoperiodismo se fija solo en algunas realidades, a veces pecando de forma discreta de cierto morbo?

Perpignan se viste de largo estos días, exposiciones en lugares históricos abiertos para la ocasión, descubrimientos sorprendentes en espacios insospechados, una manera diferentes y original de visitar la ciudad. En el interior, arte en mayúsculas. Y gratis, para quien quiera tomar nota. Es mediodía. Horas de pie viendo tales imágenes cansan las piernas y el espíritu, pero no cierran el estómago. Quizá sea un insensible, quizá esté insensibilizado. Tras años de ver fotografías de guerra y destrucción, uno busca detalles diferenciales que despierten algo en el interior, una breve llamarada de vida y sensibilidad que dure más que el tiempo de visita al lugar, algo que meses después siga apareciendo en la memoria y le influya en su manera de hacer. Y es que una vez admitido el desastre en el que vivimos todo es más dulce y fácil de digerir, y eso es peligroso. El dame más y más o me parecerá poco no suele acabar bien.

Visa Pour l'Image

El Visa Pour l’Image es un estrafalario resumen de lo sucedido en el mundo, un recordatorio de que la actualidad cambia pero los problemas se quedan, una selección de fotografías impactantes que acompañan historias de todas partes. Para los fotoperiodistas, una cita ineludible, para los que disfrutamos de la fotografía, un lugar donde buscar aquella mirada, aquel contraste, aquel asomo de vida en el papel inmóvil, aquella fotografía que permanecerá grabada en nuestra memoria. Para los soñadores, ese festival al que nos gustaría colgar nuestras fotos, esa sala con tus obras, donde poder describir lo que viste, donde poder transmitir tus sensaciones, donde intentar cambiar algo en la mente de todos aquellos y aquellas se que acerquen. O quizá mejor no, mejor disfrutar cada septiembre del festival sin la desesperación del fotógrafo que observa el mundo avanzar sin demasiados cambios. Lo confesaba Don McCullin, triste y harto de la situación tras años de esfuerzos y compromiso, “al fin y al cabo, considero que mis trabajos no habrán servido para nada”.

Sueños de Kyoto

Pongo el pie en Kyoto imaginando un mundo de samuráis y castillos japoneses, de pequeñas casas de te en callejones estrechos y oscuros, donde el caminar de una geisha atraviesa el tiempo y se desliza entre las sombras traicioneras de las afiladas esquinas del barrio de Gion. Un mundo de jardines perfectos, ambientados con el rumor armónico y bello del agua y del viento, con el sonido de las katanas y los dongs, de las palabras hechas poesía a los oídos curiosos y desafinados del extraño. Sin embargo, anchos e iluminados túneles me transportan al magnífico vestíbulo de la estación de tren, una maravilla arquitectónica moderna de 11 plantas, rodeada de anchas calles llenas de coches y altos edificios rectangulares de ese gris hormigón tan frío y tan de todas partes.

En el enorme panel electrónico de la estación, bellos símbolos japoneses se mezclan con números carentes de sentido para mi. Una mujer diminuta se acerca sonriendo, lleva una pequeña libreta roja entre las manos arrugadas y frágiles. Un gris oscuro asoma de su sonrisa casi vacía de dientes, pelo descuidado, ojos diminutos de mirada divertida. Tira de mi mochila para llamar mi atención. Parece muy vieja, milenaria, entrañable. Habla nerviosa señalando el panel de la estación, indicándome algo carente de sentido para mi. Trato de irme alegando no entenderla pero me sigue con la mano agarrada a mi mochila unos metros, hasta que desesperada se coloca frente a mi y abre la libreta, señalando una de sus páginas. En bellas letras escritas por manos temblorosas y arrugadas consigo leer:

どういったご用件ですか?// Can I help you?

Hace frío en la tierra de los cerezos perezosos de primavera, cuyo blanco latente dirige el alma de un país milenario.  De camino al hostal, enormes avenidas rodeadas de centros comerciales y pequeños restaurantes, callejones bulliciosos de estudiantes camino a casa, un tímido riachuelo silencioso entre pequeños palacios de madera, cuyas plantas desafiantes muerden el asfalto más desgastado. Cae la noche cuando llego al río Kama-gawa, las luces de las calles más comerciales se iluminan a la velocidad que oscurecen los callejones estrechos de Gion y Higashiyama. Aquí está la Kioto de las geishas y los farolillos rojos, la Kioto de los pequeños restaurantes en callejuelas bañadas por el humo del vapor y la dulzura del sake, la de las casas de te escondidas a los ojos demasiado poco sutiles de los extranjeros. Aquí esta la Kioto que andaba buscando.

Farolillo

Yusuke me sirve un sake. Debo reconocer que es el primero que pruebo, y es el primero de los muchos que tomaré con Yusuke durante mi estancia en Kioto. Vive en el hostal, en la misma habitación compartida en la que duermo yo. Por las mañanas atiende a los turistas y sirve desayunos, por las tardes descansa en la habitación leyendo y viendo series japonesas hasta la noche, cuando baja de nuevo al bar a beber sake y charlar con extraños y con una pequeña comunidad americana que se reúne allí. Las charlas en el bar del hostal serán muy agradables, compartiendo lo vivido con quien ya lo ha visto antes, a veces decepcionado al ver sus reacciones de aburrimiento, a veces feliz de descubrir en ellas una mueca de sorpresa al escuchar encantos solo visibles para quien camina despreocupado y sin prisa.

El último sake lo tomo en la terraza de la habitación, soñando con el mundo preconcebido que mi mente alberga tras el muro de restaurantes del otro lado del río. Nieva en esta tierra tan alejada de todo lo mío. Nieva en esta ciudad de cuento, en la que siempre soñé estar pero nunca pensé que fuera capaz. Nieva, y ahora mismo nada me parece más bonito que ver nevar en Japón.

Cantando guantanamera

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